Nuestro reflejo en la ventanilla del avión, el rizo de las olas tras el paso de un trasbordador, risas que se escapan del interior de un coche. ¿Se imaginan que algún día esas fueran las únicas huellas que quedaran de nuestros viajes? Quizá sea una fantasía inalcanzable pero que ya está moviendo a numerosas empresas y organismos a plantear una nueva mirada sobre esta cuestión, tal y como expresó el presidente de la Real Academia de Ingeniería Anibal R. Figueiras al comienzo de la jornada “Sostenibilidad del transporte”, que organizó el Comité de Transporte en el IIES el pasado jueves.
Lejos de la fantasía, los datos nos demuestran que es necesario actuar. Como planteó Joaquín Martínez-Vilanova, presidente del Comité de Transportes del IIE, el transporte dependiente del petróleo, solo en las ciudades, causa el 50% de los gases responsables del efecto invernadero. En Madrid o Barcelona el 60% de los viajes se realizan en vehículos motorizados con una ocupación media de tan solo de 1,2 personas. Coches que consumen tres veces más por viajero/kilómetro que los ferrocarriles, por ejemplo. Por no contar los 80 minutos de media que empleamos en movernos de un sitio a otro los que vivimos en ciudades, con el estrés, los atascos, los accidentes y la contaminación que se producen. Así, Martínez- Vilanova, dibujó la realidad de millones de ciudades pensadas en el pasado y que en el presente están ocasionando una problemática que pasará por resolverse haciendo que el vehículo deje de ser el protagonista del trasporte. Las claves que aportó durante su ponencia fueron precisamente en esta dirección: el trasvase del coche al transporte público disuadiendo del uso del primero y facilitando y fomentando el uso del segundo; seguir trabajando en el campo de los biocombustibles y los vehículos eléctricos aumentando su eficiencia; horarios laborales más flexibles e incluso trabajar vía Internet desde casa evitando así millones de desplazamientos y, por último, incentivando la aplicación en más ciudades de los Planes de Movilidad Urbana Sostenible.
Por su parte César Lanza Suárez, desde su experiencia como consejero delegado de TECNOVA y Coordinador del Comité de Nuevas Tecnologías del Colegio de Ingenieros de Caminos, se preguntaba si sería posible cambiar la fotografía diaria de las carreteras atascadas. Señalaba que en el caso de algunas de las principales vías de acceso a Madrid, como es la A-6, la ampliación de la misma no ha solucionado ni evitado la repetición de embotellamientos en las horas punta. Porque, al entender de Lanza, no se trata tanto del transporte como de su demanda, y esta viene condicionada por el uso de las actividades humanas y del territorio, lo que hace incompatible los desplazamientos a pie. Así pues, las tecnologías de manera aislada no son la única vía para conseguir esta sostenibilidad en el transporte. Se trata de aplicarlas en la modernización, en la potenciación y en la explotación inteligente de las infraestructuras del transporte. Quizá la concienciación, la replanificación y las tecnologías hagan que algún día se haga realidad que pasemos de la “circulación-obligación a la circulación- placer”.
Eso en tierra, pero ¿y en el aire?
El encargado de dibujar esa realidad fue José Manuel Hesse Martín, director de Medio Ambiente de AENA. También los aviones y el transporte aéreo tienen una importantísima responsabilidad. Primero por el papel que representa este sector para la economía mundial y segundo por su protagonismo en la configuración de un mundo en el que se han acortado las distancias. Ventajas que también traen externalidades negativas que, como señaló Hesse, son las emisiones de gases como el CO2, los óxidos de azufre y nitrógeno, así como el impacto acústico, lo que provoca la llamada contaminación sonora. Desde el interrogante de qué ha hecho la industria aérea para apoyar la sostenibilidad, Hesse señaló las mejoras técnicas y el trabajo conjunto como el manual de vuelo para llegar a este destino. “No se puede estar esperando a que alguien nos diga que lo hemos hecho mal para hacerlo bien. Lo importante es adelantarse”. Y que mejor adelanto que el que se planteará en la próxima reunión de la OACI en Copenhague para reducir un 50% las emisiones de CO2 en 2050, tal y como recordó Hesse.
Pero no solo el trabajo ha de realizarse en el aire con aeronaves menos contaminantes y más eficientes. También en tierra, en los aeropuertos, se ha de trabajar en esta dirección de gestionar y optimizar los recursos. Además, para el director de Medio Ambiente de AENA, “se han hecho muchos esfuerzos para mejorar la compatibilidad de aeropuertos con el entorno, se han aplicado tecnologías como la navegación vía satélite para evitar que se sobrevuelen núcleos urbanos, se ha fomentado el aislamiento sonoro de viviendas y se ha trabajado por la definición de las huellas acústicas”. Todo para planificar a tiempo y evitar cada vez más los efectos negativos que tiene el placer y las ventajas de viajar en avión. Una sostenibilidad que, como sentenció Hesse, ha de estar cimentada en la transparencia, la confianza, y la planificación.