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Medir la huella de carbono ayuda a encontrar los fallos de los procesos

12/6/2013

Publicado por:

 

Cómo medir la huella de carbono, y cómo aprovechar estos datos para mejorar la sostenibilidad de los edificios y el transporte, fue el tema principal de la jornada celebrada ayer en el Instituto de la Ingeniería de España, y organizada por el Comité de Edificación.

 

El presidente del Instituto, Manuel Moreu, presentó la jornada, junto al presidente del Comité de Edificación, Fernando López, que afirmó que “hoy por hoy, cualquier cosa que necesite energía debe evaluar el riesgo asociado al cambio climático”.

 

El primero de los ponentes fue Enrique Bailly-Bailliere, subdirector general de Coordinación de Acciones contra el Cambio Climático, que destacó al empezar que “impulsar el cálculo de la huella de carbono es una de las herramientas más eficaces para reducir la emisión de dióxido de carbono”.

 

A continuación explicó los distintos enfoques que se pueden adoptar para contabilizar las emisiones de gases de efecto invernadero. Por un lado, está el enfoque de organización, que analiza las emisiones de una entidad (empresa, institución) completa; por el otro, el enfoque de producto, que calcula las emisiones en su ciclo de vida completo (incluido el reciclaje si lo hubiera). Hay un tercer enfoque más complejo, añadió el político, llamado “multicriterio” y que incluye también el consumo de agua, la producción de residuos y otros elementos.

 

El enfoque de organización tiene tres niveles de análisis: el “alcance 1”, que son las emisiones que produce directamente una empresa en los centros de producción que ella controla. “Si hablamos de unas oficinas, serían los gases emitidos por los procesos de combustión en las oficinas (la calefacción). Y si tiene flota de vehículos, los producidos por dicha flota.”.

 

El alcance 2 es la energía que se consume en la organización, pero que es producida fuera de ella (el consumo eléctrico, por ejemplo) Y el alcance 3 son todas las emisiones producidas (incluidas las indirectas): si la empresa adquiere productos, o utiliza recursos que no son de la propia empresa. “Es bastante más difícil de calcular”.

 

El objetivo de analizar las emisiones de carbono de una organización por apartados es saber cuáles son más relevantes a estos efectos, y qué medidas van a ser más eficaces a la hora de reducir emisiones. “En ocasiones se intenta llegar a emisiones cero, y en otras se pueden compensar las emisiones comprando créditos de absorción de carbono”.

 

Bailly-Bailliere detalló a continuación el proceso matemático para calcular el impacto en emisiones, teniendo en cuenta el origen de la electricidad utilizada, un factor que depende del gas emitido, y otros elementos de cálculo.

 

El subsecretario subrayó la importancia de que las grandes empresas transmitan a sus proveedores la importancia de medir la huella de carbono. “Además para algunos productos se exige este cálculo a nivel internacional. Si las empresas quieren estar preparadas deben abordarlo”.

 

Por último, Bailly-Bailliere detalló una iniciativa legislativa del Ministerio de Medio Ambiente, que pretende que los sectores difusos (con muchos pequeños emisores de gases, como la agricultura, los residuos o la edificación) aborden el cálculo de la huella. El Ministerio lo pondrá en contacto a empresas que emiten CO2 con otras que lo absorben. Para incentivarlo, el objetivo es que las empresas que la miden tengan beneficios fiscales y que la administración compre productos verdes, es decir, producidos, por las empresas que mejor se comportan medioambientalmente.

 

Los destinatarios serán todo tipo de empresas, en especial las pymes, e incluyendo a los autónomos. “En función del tamaño de la empresa la Administración asumirá la verificación de la información. En otras más grandes, deberá ser un verificador externo”. En todo caso, apuntó, para una empresa pequeña la información necesaria puede ser una hoja de cálculo (el gasto en luz y en calefacción, simplemente).

 

A preguntas del público, el político matizó que las empresas que ya están en el sistema de comercio de derechos de emisión quedarán al margen de esta iniciativa. “La idea es exigir la medición de la huella de carbono para finales de 2013, aunque lo veo complicado”, terminó.

 

Hospitales

 

Los edificios y el transporte son los sectores que más energía consumen, y que más emisiones de CO2 producen, señaló Fernando López, presidente del Comité de Edificación. De ellos, en concreto de los hospitales y las carreteras, habló Rosario Vidal, profesora del departamento de ingeniería mecánica y construcción de la Universidad Jaime I de Castellón.

 

“Lo que pretendemos es generar conocimiento para que las empresas puedan hacer los estudios de huellas de carbono mucho mejor”, afirmó, en referencia a los estudios que hace su departamento.

Sus investigaciones sobre hospitales empezaron influenciadas por la tesis doctoral del director técnico de un hospital de Huelva, en el que el directivo contaba que las medidas que proponía un año para reducir el consumo de energía, se notaban al año siguiente, pero que dos años después estaban igual o peor que antes.

 

Vidal lamentó que sea bastante difícil obtener datos de emisiones de los hospitales y su cadena de suministro, en especial de los fármacos. Como detalle curioso, señaló que había una diferencia relativamente notable entre las emisiones producidas por efecto de un parto vaginal y otro con cesárea (más en el segundo caso). También era notable el impacto producido por los gases utilizados en la anestesia.

 

La opción de colocar placas solares resultaba costosa a corto plazo para el hospital, pero dado que su ciclo de vida es muy largo, en conjunto sale rentable en cuanto a impacto ambiental, aseguró la profesora.

 

El equipo de Vidal analizó el impacto de la electricidad y la calefacción, por un lado, y del transporte, por otro. Utilizaron datos del sistema de salud inglés (NHS), que exige a sus hospitales que presenten un informe de sostenibilidad anual. En Inglaterra, el 16% de los impactos de un hospital se deben a los viajes, el 19% a la energía de los edificios. Y el 65% a otros (por ejemplo compras farmacéuticas, material médico).

 

Una vez evaluados los resultados, comprobaron que el transporte (de los usuarios del hospital y de los trabajadores) producía más emisiones que el consumo propio de energía (luz y calefacción).

Carreteras

 

Vidal también repasó un trabajo que les encargó el Ministerio de Fomento sobre el impacto de las carreteras interurbanas españolas, incluyendo su proceso de construcción, así como uno más reciente sobre la huella de carbono del asfalto reciclado.

 

El equipo también analizó si el asfalto elaborado a una energía más baja de lo habitual, con materiales distintos (zeolita), reducía la huella de carbono. El “sorprendente” resultado era que no, que estaba dentro del margen de incertidumbre de los de alta energía (consumir menos energía en el proceso se compensa con la mayor contaminación de la zeolita). En cambio, el asfalto reciclado sí que reduce el impacto ambiental.

 

Por último, Rosario Vidal recordó otro estudio, encargado por la Cámara de Comercio de Castellón, sobre la situación de los vertederos en la provincia. Sólo hay uno, y por tanto transportar los residuos al que hay o a los de otras provincias exige trayectos muy largos. Lógicamente, el impacto ambiental era tremendo. “La construcción de nuevos vertederos pondría un poco de sentido común”.

 

Las empresas

 

Después de la política y la Universidad, les tocó el turno a los representantes de las empresas. En primer lugar, Fernando Martínez, secretario general de Sostenibilidad de Abengoa, que empezó recordando los problemas metodológicos que han tenido desde 2008, año en que empezaron contabilizar las emisiones, para definir su huella de carbono y su sistema de gestión de emisiones.

 

“El sistema lo ha ido auditando una sociedad externa independiente”, afirmó. “Nos ha permitido tener un conocimiento exhaustivo de los gases que emitimos, y de dónde teníamos nuestras ineficiencias”. Gracias a ello, han establecido objetivos de reducción de emisiones, y han empezado a etiquetar ecológicamente los servicios que ofrecen. “También nos permite valorar a los proveedores”. De hecho, más de 21.000 proveedores han suscrito dos compromisos con Abengoa: uno de reporte de emisiones (de las compras que les hace Abengoa) y un codigo de responsabilidad social (sobre todo, relacionado con los derechos humanos). “No mantenemos como proveedores a quienes no suscriban ambos compromisos”. Además, para reducir el impacto del transporte, Abengoa busca proveedores cercanos.

 

El objetivo de fondo de estas medidas es “generar valor”, constata Martínez. “Porque si no, estaríamos haciendo un ejercicio puramente académico”. En concreto, ahorran gasto en energía, y amplían su variedad de productos etiquetados como de bajas emisiones de CO2.

 

Además, también pretenden conseguir una mejor valoración por parte de analistas e inversores, por medio de los índices de sostenibilidad ambiental Nasdaq Green Economy (Bolsa de Nueva York), el Footsie 4Good (Bolsa de Londres) y el Carbon Disclosure Project (CDP). “Hay fondos institucionales que tienen en cuenta a la hora de invertir o que solo invierten en compañías verdes. De los 10 que hay, tres de ellos han participado en el capital de Abengoa en los últimos años”.

 

Martínez recordó además que el Nasdaq Green Economy nació en 2010, ya en plena crisis, y que aun en estos tiempos la responsabilidad ambiental se tiene muy en cuenta. “Estamos pendientes de empezar a cotizar en la Bolsa de Nueva York, esperemos que sea en breve”.

 

Químicos en la edificación

 

Por último, le tocó el turno a Guillermo Sánchez Álvarez, Technical Specification Manager – Project Manager Sustainability EBE Iberia de la química BASF. “Llevamos desde 2000 trabajando en el tema de la sostenibilidad”, aseguró. “Nuestros últimos desarrollos se basan en la vida útil y en la sostenibilidad”. Como sus predecesores, insistió en que medir la huella de carbono les sirve para mejorar las cosas que hacían mal.

 

Entre las medidas que han tomado para ahorrar emisiones, está la optimizacion de la producción, con “macrosites” integrados, de hasta 3 o 4 kilómetros cuadrados, como el que tienen en Tarragona. “Obtenemos la materia prima mediante un único transporte, siempre maritimo, que es bastante eficiente. En algún caso incluso hay un puerto fluvial dentro de la propia fábrica, o si no, está cerca”.

Además, colocan los procesos de modo que unos puedan alimentar a los otros (los exotérmicos a los endotérmicos). “Es un flujo bastante complejo pero que se puede controlar”.

 

Y, cómo no, aplican la sostenibilidad en sus productos. “Sistemas de aislamiento como los poliuretanos ayudan a reducir la demanda energética”, explicó Martínez, que también citó los aditivos que fabrica BASF para el hormigón. En este apartado, colaboran con la Universidad Politécnica de Cataluña para encontrar materiales más eficientes.

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