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ESPAÑA ANTE EL MAR

2/3/2015

Publicado por:

 

“Un Estado europeo no puede ser un verdadero estado si no tiene nexo con el mar. En el mar acontece ese trascender de la vida allende de sí misma. Por eso el principio de la libertad individual ha llegado a ser el principio de la vida de los Estados europeos”.

 

(Hegel, Lecciones sobre la filosofía de la historia universal).

 

Con este título, España ante el Mar, me gustaría aprovechar y dar cierta unidad a lo ya escrito en este blog por el resto de compañeros del Comité de Asuntos Marítimos y, al tiempo, arrancar una serie de artículos que ponen el foco, o mejor, la proa hacia el carácter de España como nación marítima.

 

Ponen proa a ese carácter al tiempo que desde el espejo de popa divisan toda la historia y tradiciones puramente marítimas de una larga trayectoria-país que muchas veces pero lamentablemente no siempre ha mirado al mar. No obstante todo ello, hago esfuerzo decidido en denominar su carácter marítimo,  por completo.

 

Tomo el título de este artículo del libro “El español ante el mar: ensayo de una incomprensión histórica” del Almirante y Miembro de la Real Academia Española Eliseo Álvarez-Arenas que empieza así tan bellamente dicho tomo:

 

“Las tierras de Iberia son los foques del navío de Europa. A horcajadas sobre el bauprés sólo se ve mar y cielo si se mira hacia adelante. Mar, al alcance de la mano, hasta el lejano horizonte. Cielo, en los cuadrantes de proa hasta dar con el cenit”.

 

El mar tiene un atractivo especial para todos nosotros y como Ismael, el personaje de Melville, todos lo que alguna vez hemos vivido y paseado cerca del mar sentimos que nos falta esa presencia cuando nos alejamos de él:

 

“Llamadme Ismael. Hace algunos años -ya no importa cuántos-, con poco o ningún dinero en el bolsillo, y sin nada de particular que hacer en tierra, decidí salir a navegar y ver la parte acuática del mundo. Es una forma que tengo de echar fuera la melancolía y ordenar la circulación. Cada vez que me sorprendo con un gesto triste en la boca; cada vez que en mi alma hay un nuevo noviembre húmedo y lluvisoso; cada vez que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes; y especialmente, cada vez que la hipocondria me domina de tal modo que hace falta un recio principio moral para no salir a la calle a derribar deliberadamente el sombrero a los transeúntes, entonces, entiendo, es más que hora de hacerme a la mar lo antes que pueda. En algunos hombres, el mar reemplaza la bala y la pistola. Catón se arroja sobre su espada, haciendo aspavientos filosóficos; yo me embarco tranquilamente. Nada de qué sorprenderse. Si bien lo miran, no hay quien no tenga, en algún momento u otro, y en mayor o menor grado, sentimientos como los míos con respecto al océano”.

 

Sin la mar no sería posible la vida en el planeta, dice el Capitán de Navío Aurelio Fernández Diz en un reciente ensayo (“Por qué necesitamos y nos gusta navegar”, Cuadernos de Pensamiento Naval, Núm. 17, segundo semestre 2014

 

http://www.armada.mde.es/ArmadaPortal/page/Portal/ArmadaEspannola/mardigital_revistas/prefLang_es/06_boletinPensamiento ): y es que en la mar nació la vida que ahora conocemos y nos sustenta,porque aun hoy es el sol y la mar la que permite que la vida siga existiendo sobre la tierra.

 

Suele siempre citarse junto a esa frase de Hegel del comienzo, una frase de Cneo Pompeyo Magno,  también conocido como el Grande o el triunviro,, según da cuenta de ella Plutarco en sus Vidas paralelas:

 

“Vivir no es necesario, pero navegar sí lo es”. Pompeyo  recibió el encargo de limpiar el Mediterráneo de los piratas que ponían en riesgo los suministros de Roma; objetivo que alcanzó en solo tres meses de verano bajo su fuerza naval, entre el 67-66 antes de Cristo. En esos tres meses, en sólo cuarenta días, expulsó a los piratas del Mediterráneo occidental,[21] y restauró la comunicación entre Hispania, África y la península Itálica.

 

Navegar y el mar tienen todo tipo de sonidos,  ecos y resonancias metafóricas profundas. Hay dos de ellas que son las que más me gustan y me parecen las más representativas. La primera reza, como dicen los marinos, que navegar es orzar; esto es, navegar contra el viento superando las olas por él generadas, sinónimo por tanto de superar las dificultades. El hombre es horizonte, decía Ortega, y eso es navegar. Superar constantemente el horizonte. Salir a la mar ha constituido históricamente para los pueblos salir de sí mismos, rebasar un horizonte haciendo frente a lo desconocido superando los retos. De ahí viene la segunda gran resonancia: navegar es abrirse al mundo o descubrir nuevos mundos y nuevas civilizaciones. Es decir, navegar es cooperar con otros pueblos. Y la cooperación siempre es desarrollo. Nuestros antepasados han salido a navegar también en busca no solo de mejores horizontes sino del intercambio y del comercio. Ahora sentimos todo el poder de la globalización pero quizá ese germen ya llevaban en la mente quienes pusieron a dar vueltas al globo al Galeón de Manila, también conocido como la Nao de China (ver los trabajos del historiador económico americano Arturo Giraldez).

 

Esta tensión interior de abrirse o abrigarse del mar ha llevado a los pueblos a dos mentalidades muy distintas: la continental o mesetaria, y la propiamente oceánica y marítima. Así lo menciona Tucídides en su Historia de la Guerra del Peloponeso. Para el, lo pueblos navegantes como el ático y ateniense, son amigos de lo novedoso, osados, viajeros, comerciantes, decididos, optimistas en encontrar lo que buscan más allá del horizonte. Frente a esos pueblos temerosos ante el misterioso mar, que vomita lenguas y objetos extraños, así como invasores. Son conservadores, sedentarios y no conversan con la alteridad de otros pueblos.

 

Dejo sólo un ejemplo histórico más. Todos sabemos que la navegación y la contribución naval prendió con facilidad en todas las riberas e islas del Mediterráneo. Todos ellos crearon una zona de intercambio comercial, artístico y económico en general que permitió el desarrollo de nuevas civilizaciones. Un mar de olas chatas de crestas estrechas que permitió la cooperación y el intercambio cultural de sus pueblos  así como el  desarrollo todas sus naciones. Como menciona Fernandez Diz en su ensayo, al que desde aquí intento que alcance más eco, “las naciones poseedoras de buques pudieron alcanzar de una forma segura sus objetivos económicos así como políticos, sociales y estratégicos”. Hablamos de las Talasocracias (Thalasso, mar; Cratos, poder), potencias navales, que dominaron el Mediterráneo: Atenas, el Egeo; Egipto el oriente y  Roma todo el confín de un extremo al otro. Todas ellas tenían en la importancia del mar y del transporte marítimo el fundamento y su garantía de prosperidad.

 

Aquí me paro, por ahora, para interrogar al lector: ¿qué opinan de esta visión? ¿Qué opinan del papel de la Royal Navy en la revolución industrial? ¿Cómo ven a España antes y cómo la ven ahora? ¿Cómo ven a los españoles? ¿Viven de espaldas al mar, con una mentalidad mesetaria o continental; o los ven y ven a nuestro país como un país que conoce y v aflora todo su potencial marítimo, tanto por potencia económica como por su enclave geoestratégico?

 

Un saludo muy marinero a todos, así como buen viento y buena mar para este nuevo blog, que tanta falta hacia que abordara la problemática de nuestro sector, el sector marítimo.

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