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La incertidumbre como dato del mercado energético

30/11/2015

Publicado por:

 

Madrid, noviembre 2015

Ángel Manuel Arias

Comité de Ingeniería y Desarrollo Sostenible

 

Bajo el lema “Governing Energy: the Atlantic Basin and Global Institutions”  (Gobernanza de la energía: la cuenca atlántica y organizaciones globales), tuvo lugar en Madrid, el 19.11.15, una relevante Jornada para acercarse a la complejidad del momento energético actual. Un panorama al que afectan multitud de variables y gran diversidad de agentes e intereses.

 

La Sesión estuvo organizada por el Comité Español del Consejo Mundial de la Energía (CECME), y el Club Español de la Energía (CEE). Jose Jon Imaz, consejero delegado de Repsol, en cuya sede se realizó el acto, recurrió a Herodoto en la conferencia inicial, para enfatizar la dificultad de realizar una predicción fiable del futuro energético mundial. Los economistas, como los historiadores, cuando investigan el pasado, encuentran razones que sirven para explicarlo, pero los análisis carecen de valor relevante para servir de guía a la adopción de decisiones de futuro. Así sucede en especial en el sector energético en el que los nuevos parámetros cambiaron drásticamente la situación anterior y, además, se modifican de continuo.

 

No fue el único conferenciante de la Jornada que recurrió a personajes históricos. Emilio Lamo de Espinosa, presidente del Real Instituto Elcano, citó a Berkeley y a su “Esse es percipi”, para apoyar que las cuestiones energéticas son hoy una cuestión más de esencia que de contexto, es decir, de fondo más que de forma. Hemos pasado en muy poco tiempo de planteamientos no cooperativos, asimilables a juegos de estrategia en los que la suma total era cero, porque lo que unos perdían lo ganaban otros, a desembocar en un escenario en el que el resultado final de las decisiones debe ser positivo para todos, ya que ahora lo que se persigue es optimizar la provisión de bienes públicos globales.

 

A esa intención responde el lema, asumido por la comunidad global, como objetivo: “energía sostenible para todos”. Pedro Miró, presidente del Club Español de la Energía, recordó a la premio Nobel de Economía Elinor Ostrom, para enfatizar que se trata de resolver un dilema social, en el que se debe controlar el riesgo de que los agentes que interactúan caigan en la tentación de maximizar sus propios intereses a corto plazo, menospreciando los del largo plazo, que son, por su naturaleza, fundamentalmente colectivos.

 

El secretario de Estado de la Energía, Alberto Nadal, combinó su visión del cuadro genérico de una problemática que sería desarrollada en extenso por los intervinientes en las sesiones de trabajo, señalando asimismo algunas líneas de actuación para la estrategia energética española.

 

La distorsión de los mecanismos de mercado afecta al cambio de las fuentes de suministro, al desplazamiento del consumo hacia nuevas áreas, a la pérdida de peso de los agentes tradicionales, culpables de la mayor parte de la contaminación antropogénica. Es imprescindible incrementar los recursos, realizar fuertes inversiones para incorporarlos al flujo de consumos en condiciones de eficiencia, y la aparición de nuevas tecnologías de generación, para las que la velocidad de aprendizaje es muy alta, ha puesto de manifiesto que resulta rentable esperar a su consolidación para no pagar el peaje del principiante.

 

Nadal defendió la prolongación de la vida útil de las centrales nucleares españolas, garantizando desde luego su seguridad; entiende que es imprescindible utilizar al máximo de su capacidad los activos existentes, mejorando su eficiencia, y apostar por incorporar tecnologías al modelo propio solo cuando se revelen como maduras. Puso de manifiesto el riesgo de incrementar la producción en energías renovables en cuanto a la estabilidad total del sistema, y la necesidad de aumentar la interconexión con el resto de la Unión Europea. Se debería, además, mantenerse vigilante de la evolución de la temperatura global y utilizar las señales de precio del mercado para actuar consecuentemente.

 

Arturo Gonzalo Aizpiri, presidente del Comité organizador, condujo de forma brillante una conversación con Carlos Pascual, vicepresidente del IHS, que sirvió para exponer aspectos relevantes del esquema energético actual y su influencia futura. Pascual abogó por la incorporación de indicadores de seguimiento y control de las medidas contra la amenaza del cambio climático, que garanticen su eficiencia. Recordó que las necesidades de financiación para reducir las emisiones de manera que no se alcance la subida de 2ºC en la temperatura global, apuntan a la cifra de 100.000 millones de dólares/año, y que su reparto entre países es una incógnita. Entiende positiva la firma del TPP (TransPacific Partnership) entre Estados Unidos y China pues facilita la incorporación de esos países a un compromiso global, obviando la resistencia del senado norteamericano a cualquier acuerdo que no haya sido previamente discutido y aprobado en su seno.

 

La reincorporación de Irán al mercado del petróleo, con su efecto sobre los precios, no la considera Pascual inmediata, pues está relacionada con la ejecución de la inspección del cumplimiento de los acuerdos de abandono de la producción de energía nuclear (limitar el enriquecimiento de uranio a fines de investigación y desarrollo, reducir el número de centrifugadoras, dilución o envío fuera de Irán del uranio enriquecido por encima del 3,67%, modificación de la central de Arak, etc.).

 

No he pretendido realizar un resumen de la Jornada, imposible en este espacio, sino ofrecer un acercamiento puntual a alguno de los temas tratados. Valvanera Ulargui, Directora general de la Oficina del Cambio Climático, presentaría por la tarde su visión de las expectativas del COP 21.

 

La posición de España se centra, según comentó, en que se llegue a un acuerdo realmente global, distinto al anterior, duradero y adaptable, pues se debe reconocer que la tecnología y la situación han cambiado. Aunque previamente a la Convención, 164 países han presentado la relación de compromisos que están dispuestos a asumir, la suma de esos objetivos nos sitúa en un escenario insuficiente, pues se superaría la temperatura global de 3ªC. Se debería abrir la base de donantes, incorporando a los países en desarrollo, aunque no tenga carácter obligatorio, en la medida en que tengan capacidad de aportación económica. Hay un acuerdo de principio en generar un mecanismo de control, y en mantener reuniones de seguimiento cada cinco años, aunque no existe consenso respecto a la información que se debe proporcionar.

 

Entre las incógnitas acerca del resultado real, Ulargui enumeró la carencia de “credibilidad climática” de China, así como de la falta de claridad respecto al tipo de compromiso que está dispuesto a suscribir Estados Unidos, y que debería ser jurídicamente vinculante, robusto y armonizado.  Para las empresas, el acuerdo que resulte de París debiera ser una señal clara de la línea que se va a seguir, para que sirva de referencia transparente y previsible a los inversores, preocupación que ya había sido manifestada en diversas intervenciones anteriores –entre otras, la de Eduardo Montes, Presidente de Unesa-.

 

Respecto a la financiación, entiende la directora de la Oficina, que no debe ser un fin en sí misma, sino un medio para conseguir el objetivo, y que, por ello, se deberían incorporar sistemas de alarma temprana, compatible con el apoyo al mercado de precios de carbono (ETS), que defendió con rotundidad Georg Zachmann, responsable para la estrategia de Energía y Clima de Bruegel.

 

Una Sesión, en fin, por cuya celebración hay que felicitar a organizadores y ponentes, que correspondió plenamente al interés despertado, confirmado por la numerosa asistencia.

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