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Jornada de debate sobre Industria y Política Industrial

12/11/2019

Publicado por:

 

El pasado 28 de octubre,  la Fundación para el Fomento de la Innovación Industrial (F2I2) y la Asociación de Ingenieros Industriales de Madrid (AIIM) junto con el Instituto de la Ingeniería de España (IIE), organizaron un debate sobre Industria y Política Industrial.

 

Participaron representantes de todos los partidos nacionales con representación parlamentaria como:

 

            PSOE: D. Galo Gutiérrez Monzonís

            PP:      Dª. Tristana Mª Moraleja Gómez

            Ciudadanos: D. Miguel Ángel Gutiérrez Vivas

            UP: Dª. Anabel Segado Sujar

            VOX: D. Rubén Manso Olivar

 

El acto comenzó con una alocución de bienvenida a cargo del Catedrático D. Óscar García Suárez, Director de la Escuela de Ingenieros Industriales de la UPM y Presidente de la Fundación (F2I2).

 

Moderó el acto el Catedrático de la Escuela de Ingenieros Industriales y Director de la Fundación F2I2, D. José Mª Martínez-Val.

 

Por parte del IIE intervinieron D. Luis Vilches y D. Francisco Cal Pardo, Presidente y Vicepresidente del Comité de Industrialización; el último lo hizo también en representación de la AIIM.

 

Conclusión de lo aquí debatido:

 

La tónica general de las exposiciones de los ponentes fue poner de manifiesto la necesidad de un Pacto por la Industria, con frecuentes alusiones al trabajo realizado por el Instituto y a la jornada celebrada en sus locales el pasado 1 de abril, previa a las elecciones del 28 de abril.

 

En sus conclusiones, Luis Vilches insistió de nuevo en todos los pasos dados por el Instituto, en los años pasados, luchado por conseguir el pacto y abogó, por que, una vez constituido el nuevo parlamento, el debate por el Pacto por la Industria se residencie en la Comisión de Industria del Congreso. Una vez más se puso de manifiesto también por parte de algunos representantes políticos, la necesidad de la existencia de una Secretaría de Estado de Industria.

 

Algunas ideas fuerza que se expusieron a lo largo del debate y en las respuestas a las preguntas formuladas por el público, que se aproximó a la cifra de 200 asistentes, y que remarcó Francisco Cal en sus conclusiones, fueron los siguientes:

 

  • La madurez industrial es imprescindible para mantener el estatus social actual de bienestar y oportunidades personales de mejora.

  • España necesita reafirmar su vocación industrial, actualizada.

  • Necesitamos más competitividad industrial, y para ello hace falta más innovación, y una convergencia más rápida y eficaz entre desarrollo tecnológico y su aplicación industrial. A menudo la industrial no es accesible para las novedades tecnológicas. La tecnología se queda en el lado de la ciencia.

De ahí que haga falta una política industrial que parta de un repaso de las herramientas que se tienen, como el CDTI, que identifique qué nuevas herramientas hacen falta.

 

Se necesita estabilidad política y poner la Industria en la agenda política del país.

  • La transición ecológico-energética es, en gran medida, una extraordinaria oportunidad.

Por primera vez no necesitaremos recurrir a la importación de combustibles fósiles. Tenemos sol y viento. Además, podemos desarrollar una importante industria de bienes de equipo a la que nuestro país ha tratado mal. Se ha tratado bien, a un ritmo más alto de lo debido, la inversión en renovables, fuera cual fuese su procedencia, pero las tecnologías de desarrollo propio no han tenido un programa adecuado y, aunque se haya promovido un gran despliegue de energías renovables, una gran parte de ello proviene de la importación o de acuerdos tecnológicos con empresas de países de mayor creatividad industrial. Hay que admitir que en España hemos sabido explotar las renovables gracias a tecnologías y desarrollos realizados por otros, pero nuestra propia industria energética renovable no se ha podido aprovechar de nuestras propias políticas de promoción de estas fuentes de energía. Y es que, en muchas ocasiones, por prisas en ciertas prioridades, no se atiende adecuadamente a la industria propia. No se trata de proteccionismo a la antigua usanza, sino de elaborar planes concurrentes en cuanto a explotación e innovación industrial, con las curvas de aprendizaje por medio.

 

Por otra parte, el desarrollo de la industria exige producir una energía más barata que la actual.

 

  • La globalización, la evolución tecnológica y las exigencias del Desarrollo Sostenible conforman un contexto muy singular, que algunos han denominado 4ª Revolución Industrial.

España, que perdió el tren de la primera de estas revoluciones, la original, y le costó casi dos siglos ponerse al nivel de sus vecinos europeos, tiene ahora otro tipo de desafío en la cuestión industrial, que se centra entre grandes áreas:

  • Los objetivos, que lógicamente están ligados a la industria que necesita la Transición al Desarrollo Sostenible.

  • Los medios, particularmente relacionados con la digitalización de la economía, la aparición de nuevas tecnologías y medios de producción.

  • Las especificidades que España puede aportar, imprescindibles para lo localización de la industria.

  • Ese futuro ha comenzado ya, con cambios paradigmáticos como el vehículo eléctrico, en cuyo despliegue España es proporcionalmente el penúltimo país de Europa.

 

España es un país industrialmente maduro.

 

Las reciente inundaciones en varios pueblos y comarcas de nuestra geografía, con lluvias y granizadas con intensidad tan fuerte que no había memoria ni registro de catástrofe semejante, han servido para poner de manifiesto nuestra capacidad de reacción, evitando males mucho mayores, y recuperando el hábitat esencial para vivir en esas zonas, en tiempos muy cortos.

 

Las actuaciones llevadas a cabo por la UME, cientos de voluntarios anónimos, no habrían sido posibles sin el despliegue de herramientas de las que dispone la UME, que son esencialmente bienes de naturaleza industrial, como son los camiones de gran tonelaje provistos de grúas, las máquinas automotrices, los vehículos anfibios, los grupos electrógenos, los aparatos de telecomunicación, y un largo etcétera de elementos directamente vinculados al sector industrial.

 

Pero la justificación de una apuesta seria y rigurosa por la Industria no se halla fundamentalmente en los extremos catastróficos, sino en la contribución de su producción al valor añadido de nuestra sociedad, a la dinamización de nuestra actividad socio-económica, y al disfrute de un modus vivendi que comporta el uso y consumo de bienes y servicios industriales día a día.

 

Seguimos regidos por la Ley de Industria de 1992. Es hora de que se haga una nueva revisión que tenga en cuenta el nuevo desarrollo tecnológico que se ha producido desde hace casi 30 años y que consiga definitivamente la unidad de mercado en todo el territorio nacional.

 

 

 

 

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