Fernando J. Burgaz: “Claves de la Agricultura y la Alimentación en el Horizonte 2040”
Fuente: Revista Aral

Hablar del futuro de la agricultura y de la alimentación supone adentrarse en un escenario marcado por grandes incertidumbres, pero también por profundas transformaciones. La tecnología, el cambio climático, la evolución de los mercados, las políticas públicas y las nuevas demandas sociales están configurando ya un nuevo contexto para el sistema agroalimentario mundial. Aunque resulta imposible prever con exactitud cómo será la agricultura española dentro de quince o veinte años, sí es posible identificar las principales tendencias que condicionarán su evolución.
El gran desafío consistirá en garantizar el equilibrio entre competitividad, sostenibilidad y seguridad alimentaria en un entorno global sometido a cambios cada vez más rápidos. Para lograrlo, será imprescindible una actuación coordinada de todos los operadores de la cadena alimentaria: productores, industria, distribución, administraciones públicas y consumidores, ya que, como señalaba Alan Turing, “podemos saber poco del futuro, pero lo suficiente como para darnos cuenta de que hay mucho que hacer”.
En las últimas décadas, la agricultura mundial ha demostrado una extraordinaria capacidad de adaptación y crecimiento. La producción global de los cultivos básicos ha aumentado un 53% en los últimos veinte años, permitiendo reducir a la mitad el porcentaje de población desnutrida en el mundo. Al mismo tiempo, este crecimiento se ha producido sin necesidad de incrementar significativamente la superficie cultivada, gracias a una mayor eficiencia en el uso de los insumos y de las tecnologías agrarias.
“La agricultura y la alimentación del horizonte 2040 estarán marcadas por una profunda transformación tecnológica, empresarial y social”
Sin embargo, los retos futuros serán todavía mayores. Las previsiones demográficas apuntan a que la población mundial continuará creciendo hasta alcanzar su máximo hacia 2080, lo que obligará a incrementar la producción alimentaria en un 30% adicional. A esta presión se suman nuevas exigencias sociales relacionadas con la sostenibilidad ambiental, la reducción de emisiones, el bienestar animal y la calidad nutricional de los alimentos.
En este escenario, la innovación tecnológica se convertirá en uno de los principales motores de transformación. La agricultura del futuro estará estrechamente vinculada al desarrollo de la agricultura 4.0, la digitalización y la automatización de las explotaciones. El uso de sensores, inteligencia artificial, robots agrícolas y sistemas avanzados de análisis de datos permitirá optimizar recursos, reducir costes y mejorar la eficiencia productiva.
“El gran desafío consistirá en garantizar el equilibrio entre competitividad, sostenibilidad y seguridad alimentaria en un entorno global sometido a cambios cada vez más rápidos”
También se prevé un importante avance de las nuevas técnicas genómicas y de la biotecnología, que facilitarán el desarrollo de cultivos más resistentes a enfermedades, sequías o temperaturas extremas. Del mismo modo, crecerá el uso de fitosanitarios de origen biológico y de prácticas de agricultura regenerativa orientadas a reducir el impacto ambiental de la actividad agraria.
La gestión eficiente del agua será otro de los grandes desafíos estratégicos, especialmente en países mediterráneos como España, donde el cambio climático ya está alterando la disponibilidad de recursos hídricos. La modernización de los sistemas de riego y la mejora de la eficiencia hídrica serán elementos decisivos para garantizar la viabilidad futura de muchas explotaciones.
Junto a los cambios en la producción agraria, también se transformarán los modelos de alimentación y consumo. La mejora de las condiciones económicas en numerosos países incrementará la demanda de proteínas de origen animal.
La industria alimentaria evolucionará igualmente hacia modelos más automatizados y digitalizados. La robotización, las fermentaciones de precisión, la edición genética y la inteligencia artificial tendrán un papel creciente en los procesos de transformación y desarrollo de nuevos productos. Sin embargo, el sector deberá afrontar importantes dificultades derivadas del incremento de costes, la presión regulatoria, la falta de mano de obra cualificada y la creciente competencia internacional.
“El futuro exigirá avanzar hacia modelos normativos más equilibrados, que compatibilicen los objetivos ambientales y sociales con la viabilidad económica de las empresas”
A ello se añade un contexto geopolítico cada vez más inestable, que afecta al comercio mundial y favorece el resurgimiento de tendencias proteccionistas. La volatilidad de los precios de las materias primas y los riesgos asociados al abastecimiento obligarán a las empresas agroalimentarias a reforzar sus estrategias de diversificación e internacionalización.
Otro de los grandes retos del sector será el relevo generacional. El envejecimiento de los empresarios agrarios y las dificultades para atraer a jóvenes profesionales amenazan la continuidad de muchas explotaciones y empresas. La profesionalización, la formación tecnológica y la mejora de la rentabilidad serán factores clave para asegurar la incorporación de nuevas generaciones.
En este contexto, también será necesario revisar el marco regulatorio. El exceso de regulación y la creciente carga burocrática son percibidos por muchos operadores como un freno a la competitividad y a la innovación. El futuro exigirá avanzar hacia modelos normativos más equilibrados, que compatibilicen los objetivos ambientales y sociales con la viabilidad económica de las empresas.
La distribución alimentaria tampoco permanecerá ajena a estos cambios. Los consumidores demandan cada vez mayor comodidad, personalización y sostenibilidad, lo que obligará a adaptar los formatos comerciales y las estrategias de servicio. Tomarán relevancia los modelos premium y discount, los productos locales y sostenibles y las soluciones de alimentación de conveniencia.
“Tomarán relevancia los modelos premium y discount, los productos locales y sostenibles y las soluciones de alimentación de conveniencia”
La digitalización permitirá además una relación mucho más personalizada con el consumidor gracias al uso intensivo de datos y herramientas de análisis. Al mismo tiempo, surgirán nuevos formatos híbridos de compra y consumo, como los llamados “mercaurantes”, que integran supermercados y espacios de restauración en un mismo entorno comercial.
En definitiva, la agricultura y la alimentación del horizonte 2040 estarán marcadas por una profunda transformación tecnológica, empresarial y social. El futuro del sistema agroalimentario dependerá de su capacidad para innovar, adaptarse y responder de manera equilibrada a los desafíos económicos, ambientales y sociales que ya están definiendo el mundo del mañana.







