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LOS NUEVOS INCENDIOS FORESTALES: EL SALTO DEL MONTE AL TERRITORIO

  • IIE
  • hace 10 horas
  • 5 min de lectura

Los incendios forestales se han convertido en una catástrofe natural recurrente con riesgo para las personas y sus bienes, además de los daños ambientales y económicos que provocan.


Han saltado del monte a los núcleos de población, urbanizaciones, infraestructuras de transporte, líneas eléctricas, instalaciones agrícolas y ganaderas y hoy son un problema de alcance territorial, consecuencia de los cambios profundos que se han producido en el medio rural en los últimos 60 años.


Las zonas boscosas y de monte han incrementado su superficie: desde los años 40 del siglo pasado, el bosque ha pasado de 7 a 18 M de Ha, y el monte  ocupa el 56% de la superficie del territorio nacional.


El monte es un territorio que refleja en su paisaje una combinación de las fuerzas de la naturaleza y de la propia acción humana a lo largo del tiempo y es un indicador de la organización histórica del espacio productivo que sufre una transformación espectacular con los cambios en la sociedad post-industrial y en concreto, en nuestro país, estos cambios quedan muy bien reflejados en el éxodo rural, la regresión agrícola y ganadera, la llegada de los combustibles fósiles a los hogares, el aumento de superficie forestal y la escasa rentabilidad de la madera.


En nuestro tiempo, los montes pierden la función productiva, que tradicionalmente era la principal, pierden su rentabilidad, pierden en definitiva su estructura organizativa, en el espacio de la sociedad urbano-industrial avanzada y quedan en un estado de abandono que llega a veces en muchas partes de España al desconocimiento de la titularidad forestal, al que no es ajeno desde luego el minifundio, que impide o dificulta, una gestión adecuada del monte, compuesto por infinidad de parcelas.


La crisis se produce primero por esa dificultad, incluso incapacidad, para gestionar y organizar el “abandono del monte”, en su concepción tradicional. Es decir, por no saber gestionar el cambio que se produce en la relación de la sociedad frente al monte y las nuevas funciones del monte que le asignan los ciudadanos.


Frente al abandono de los usos tradicionales del monte, surgen los nuevos consumos no materialistas de servicios ecosistémicos. La sociedad postindustrial, la sociedad avanzada, la sociedad urbana, demanda un consumo de bosque como un bien inmaterial y este nuevo uso entra a su vez en conflicto, con el, por otra parte, cada vez menor, aprovechamiento forestal para obtener materias primas de interés económico e industrial.

Estamos ante un problema complejo de difícil control y los incendios alcanzan con frecuencia grandes extensiones, que no se podían imaginar, ni contemplar hace años.


La despoblación rural, el envejecimiento de la población, el abandono de la ganadería extensiva y del aprovechamiento de leñas y maderas, ha ido acumulando una cantidad de combustible, que hace que, si aparece el fuego, éste se convierta en una grave amenaza para la vida y los bienes de las personas y para la propia conservación de la naturaleza.


Partiendo de que la inmensa mayoría de los incendios en España son provocados por las personas, bien por negligencia o por intencionalidad, parece razonable tratar de prevenir estos comportamientos y, a su vez, tratar de conocer el riesgo combinado de causas y estado de los montes, para aplicar una terapia adecuada al diagnóstico.


No se puede caer en el error de legitimar la acción incendiaria, acusando al estado del monte de la causa del incendio, a las altas temperaturas o a la sequía, porque el monte no arde solo. Son personas las que provocan el 94 % de los incendios forestales en España, bien de forma intencionada o por negligencia.


Por eso, es clave conocer las características demográficas, sociológicas, económicas y las tensiones y conflictos que subyacen en un territorio determinado, que pueden estar detrás de la aparición de los incendios y la investigación policial de la causalidad. Sin conocer las causas probadas, no podemos hacer una gestión eficaz de la lucha contra el fuego.


Tradicionalmente, los ingenieros hemos diseñado la defensa del monte con un criterio de eficacia y eficiencia de los medios disponibles, tanto en la prevención como en la extinción, pero ahora ha habido un cambio profundo en la estructura física y sociológica del territorio que acoge los montes y el enfoque de la defensa contra incendios forestales tiene que ser diferente a como era hace décadas.


Se hace imprescindible cambiar algunas cosas para adaptarse a las nuevas situaciones y no se puede separar la gestión del monte, de la del resto del territorio que lo rodea, porque con un criterio holístico, el riesgo del conjunto monte-territorio, es mayor que la suma del riesgo de las partes, porque una parte retro alimenta el riesgo de la otra.


El territorio, como marco de la actividad humana, presenta unas características que nos van a proporcionar una serie de datos e información muy útil para calcular el riesgo de aparición y propagación de los incendios forestales.


Las condiciones objetivas del riesgo territorial de incendio forestal derivan de variables demográficas, socioeconómicas, culturales, del estado de los montes, de su rentabilidad y de las tensiones y conflictos que puedan existir y todo ello nos obliga a profundizar en el conocimiento de lo que los sociólogos forestales denominan el determinismo estructural de riesgo de incendio del territorio.


Y hay que conocerlo para llevar a cabo una eficaz prevención sobre la acción de los incendiarios, lo sean de forma negligente o intencionada, y en este sentido resulta clave la tarea de investigación policial y sociológica de la causalidad y motivación de los incendiarios.


Por tanto, es el entorno socioeconómico local el que condiciona en mayor medida la aparición o no de los incendios y esta conclusión es la más importante: el monte arde cuando puede arder y es prioritario actuar sobre las personas y sus intereses, hay que preocuparse de los titulares de los montes porque su trabajo es el más eficaz frente a la actividad incendiaria y supone una fuerza de actuación clave en la lucha contra los incendios forestales. En España se estima que existen cuatro millones de propietarios de montes.


Se hace necesario elaborar un mapa territorial de riesgo socioeconómico de incendios forestales para investigar las relaciones de causalidad en la aparición de incendios, determinando los factores socioeconómicos de mayor peso capaces de explicar las relaciones de la sociedad con los montes.


Por lo tanto, prevención sí, pero vinculada al conocimiento de las causas reales y conocidas de riesgo que motivan la acción incendiaria, con acciones positivas para los titulares de montes que son los más interesados en que no ardan.

Hay que seguir haciendo muchas cosas, entre otras, crear una cultura forestal, sobre bases técnicas, que se divulgue en el territorio entre las nuevas generaciones, eliminándose tópicos confusos.


Y se hace necesario promover el aprovechamiento económico del bosque: biomasa para energía renovable, madera, resina, hongos, caza y una valoración de los servicios ambientales que producen los montes para crear mercados y ponerles precio para mejorar los ingresos económicos de los propietarios o financiar acciones públicas para mejorar el estado de los montes.


Podemos decir que no acabaremos con los incendios forestales, consustanciales con nuestro clima mediterráneo y que seguiremos sufriendo sus consecuencias, pero tratemos de actuar bajo la lógica derivada del conocimiento de sus causas y motivaciones y de la evaluación del riesgo territorial, no sobre mitos, tópicos e hipótesis que nos distraen de los verdaderos objetivos.


Carlos del Álamo. Ingeniero de Montes.

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