Europa lucha para electrificarse con minerales propios
Fuente: Expansión

El éxito de la transición energética en España y Europa depende de una nueva minería y su desarrollo industrial. Aunque la dependencia de China seguirá a corto plazo, es clave enfocarse en los 47 proyectos estratégicos marcados.
Hay distintas formas de mirar a la Tierra. Está la mirada que contempla su belleza sin pensar en nada más, la mirada protectora y preocupada por las acciones que la humanidad ejerce sobre ella y la que observa los elementos que nos ofrece para hacer avanzar a la civilización. Energéticamente, estos dos últimos aspectos se baten en una diatriba que de modo inevitable incumbe a todos y cada uno de los seres pensantes del planeta.
La transición energética está desplazando la explotación de los componentes fósiles, cuya utilización incrementa los gases de efecto invernadero, por el empleo de los minerales. Litio, cobre, cobalto, níquel son los elementos químicos de una tabla que da vida al mundo 4.0 que nos hemos montado, sin olvidar, por supuesto, el silicio, el manganeso, el wolframio... o las tan comentadas tierras raras. Tras cada uno de ellos hay avances como los coches eléctricos, los paneles solares o los aerogeneradores. Y la electrónica, en general, los necesita cada vez en mayores cantidades: un coche eléctrico requiere seis veces más minerales que uno de combustión y un parque eólico terrestre, nueve veces más que una central de gas, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE).
Para la electrificación, estamos cambiando el combustible que proporcionaban los antiguos restos de vida por las sustancias naturales inorgánicas que forman el planeta. Y pocas veces nos paramos a pensarlo. "Todo lo que no nace o germina sale de una mina", recuerda el ingeniero de minas Juan Ignacio López-Escobar, portavoz del Instituto de la Ingeniería de España (IIEs). "Desde unas simples gafas hasta los instrumentos más sofisticados de un quirófano o de un satélite" se fabrican con minerales. Sin ellos "no hay transición", afirma. Pero esto no implica volver a la minería del pasado.
El cambio al paradigma de la electrificación está suponiendo, al mismo tiempo, una transición hacia una minería más sostenible. Ésta, explica López-Escobar, clasifica el mineral con sensores antes de molerlo (ore sorting), opta por la subterránea de mínima huella donde es viable, emplea gemelos digitales, flotas eléctricas, restauración progresiva, y tiene la certificación a través de normas UNE -estándares de calidad, seguridad y eficiencia para productos, servicios y sistemas- de minería sostenible y, en los casos que procede, el pasaporte digital de baterías desde 2027.
Lo que deja claro López-Escobar es que "sin cobre, litio, níquel, cobalto o tierras raras no hay electrificación posible". Y, por tanto, no se trata de "minas sí o no, sino de dónde y cómo. O aquí y con control y estándares europeos, o fuera, sin ellos". Hay que hacer los esfuerzos necesarios para convertir en realidad la decisión estratégica tomada por la UE de acelerar drásticamente la extracción, procesamiento y reciclaje de minerales críticos en suelo europeo. Ello se articula a través del Reglamento de Materias Primas Fundamentales (CRMA) y de la reciente Ley de Aceleración Industrial, que imponen ambiciosos objetivos y obligan a los países miembros a agilizar la burocracia minera.
Aparejada a la nueva minería ha de ir el desarrollo industrial. A ambas cuestiones, explotación e industrialización, Europa llega con retraso. Especialmente respecto a China, que se ha convertido en una potencia mundial. Equiparse al gigante asiático no es posible: refina más del 60% del litio, níquel y cobalto mundial, y hasta el 90% de las tierras raras. Además, fabrica más del 80% de las celdas de baterías y el 70% de los vehículos eléctricos del planeta, según la AIE.
RECICLAJE Y GEOLOGÍA
En la actual electrificación, el reciclaje es complementario. Ayudará, pero "aún no hay suficiente material en circulación", para sustituir a la explotación minera, aclara el ingeniero. Y, aunque el Reglamento europeo de baterías obliga a recuperar el 80% del litio en 2031 e incorporar contenidos mínimos reciclados desde ese año, hasta 2050 la AIE no estima que un despliegue máximo del reciclaje reduzca la necesidad de minas nuevas entre un 25% y 40%. Concretamente, el 40% en cobre y cobalto y el 25% en litio y níquel.
España ya se ha puesto en marcha. Acaba de inaugurar la planta CirCular de Huelva, un proyecto de Atlantic Copper declarado estratégico por la UE, que tratará más de 60.000 toneladas de residuos electrónicos. Sin embargo, el gran volumen de baterías llegará al final de su vida, a partir de 2035. Los residuos disponibles hoy sólo cubrirían el 10% o 20% de las necesidades españolas de mineral, así que "no exime de extraer durante los próximos 15 o 20 años", dice. "Harán falta minas nuevas, bien hechas y preferiblemente en Europa", donde, según expone López-Escobar, "los estándares ambientales y laborales son los más exigentes del mundo".
El subsuelo español es rico en minerales. Cuenta con 22 de los 34 considerados críticos por la UE. La Faja Pirítica -entre Huelva y Sevilla- nos sitúa como segundo productor de cobre de la UE. Somos primeros en fluorita y terceros en wolframio. Además, España es el único productor europeo de estroncio y sepiolita; el litio destaca en la provincia de Cáceres y respecto a tierras raras, la monacita abunda en la de Ciudad Real, donde su extracción esta paralizada por una resolución ambiental. Hay reservas de manganeso, níquel, cobalto y magnesio.
Pero muchos de esos recursos minerales se encuentran sin explotar debido, señala el portavoz del IIEs, a una combinación de normativas ambientales, trabas burocráticas y oposición social. Desde el Instituto de la Ingeniería de España ven claro que si se explotara y procesara el total de las reservas minerales, nuestro país sería uno de los líderes indiscutibles en la producción de materias primas críticas para la transición energética en Europa. Y su papel de proveedor estratégico sería clave para reducir la dependencia de China.
Sin embargo, S&P Global sitúa en unos 18 años la media mundial entre descubrimiento y producción de una mina, de cuales la construcción son sólo dos o tres. El resto del tiempo se dilata en exploración, estudios y, sobre todo, tramitación. Ante esto, y al margen de importar los minerales necesarios para electrificar, ¿qué pueden hacer España y Europa?
De entrada, el CRMA, que lleva dos años en vigor, fija plazos máximos de permisos de 27 meses para extracción y de 15 para transformación y reciclaje en proyectos estratégicos. "Es en el expediente, no en la obra, donde se gana el tiempo", dice el ingeniero. López-Escobar matiza que los cuellos de botella no son geológicos. En su opinión, el compendio de "una Ley de Minas de 1973 sin reformar, tramitaciones largas e imprevisibles repartidas entre administraciones, litigiosidad y déficit de aceptación social encarece el capital y retrae la inversión".
Por otro lado, "el 10% de extracción propia es alcanzable en varias materias si los 47 proyectos estratégicos (siete de ellos en España) cumplen plazos", considera López-Escobar, para quien "el 40% de transformación es lo más difícil". No obstante la dependencia de China no desaparecerá a medio plazo, con quien competir en coste puro es, hoy por hoy, inviable.
Todo ello "exige una colaboración público-privada real y una apuesta decidida" porque para López-Escobar el retraso tecnológico de Europa frente a China en refino y metalurgia se mide ya en décadas y "no se recupera con medidas tímidas". Además, el IIEs tiene claro en qué debe enfocarse: Europa, y a su vez España, debe centrarse en competir en seguridad de suministro, trazabilidad y huella, con apoyo público al refino y contratos de compra a largo plazo que den precio estable al productor europeo.
UN PUNTO DE INFLEXIÓN
En esa línea han empezado a avanzar algunas acciones, como las subvenciones que han posibilitado el establecimiento en Asturias de la empresa especializada en solar Sunwafe, la cual construye la que será la primera planta europea de fabricación a gran escala de lingotes y obleas de silicio para placas fotovoltaicas. Éste es el eslabón de la cadena de valor fotovoltaica donde Europa tiene mayor dependencia exterior, pues Asia concentra más del 90% de la producción mundial.
"China ha dominado esta cadena de valor a nivel mundial durante las últimas décadas. Sin embargo, estamos siendo testigos de un punto de inflexión en la dirección que está tomando toda la industria", adelanta Michael Pinto, CEO de esta empresa impulsada por InnoEnergy, organismo dependiente del Instituto Europeo de Innovación y Tecnología.
Pinto considera que en el ámbito solar muchas regiones buscan cierto grado de autonomía estratégica al ser la fuente de energía más barata y limpia. A su parecer, eso conlleva un coste adicional: "Europa no puede tenerlo todo: o nos comprometemos con una estrategia de inversión a largo plazo, respaldada por políticas claras, coherentes y consistentes que restablezca el lugar de Europa en esta cadena de valor global, o volvemos a un paradigma asimétrico, que es estructuralmente más vulnerable y más costoso en términos de seguridad", dice el CEO de Sunwafe.
La competitividad y la resiliencia económica de una región dependen de su capacidad para acceder o fabricar a escala los activos físicos que sustentan una forma de generación de energía. Por ello, Pinto señala que "establecer una cadena de valor solar sólida y, sobre todo local, se ha convertido en una batalla que Europa debe ganar sí o sí". No obstante, los perspectivas no son muy alentadoras en este sentido, ya que el informe Industry trends - Electronics/ ICT, de Atradius Crédito y Caución, prevé que el crecimiento de la producción de productos electrónicos e informáticos en la UE se ralentice en 2026 hasta el 2,1%, frente al 11% previsto para el sector a nivel mundial. De hecho, las estimaciones actuales sugieren que es probable que el objetivo de alcanzar el 20% de la producción mundial de semiconductores para 2030 (apoyada por la Ley de Chips vigente desde hace dos años) quede fuera de alcance, principalmente por las restricciones en las subvenciones en comparación con EEUU y las desventajas geográficas frente a Asia Oriental.
Por su parte, la Ley de Aceleración Industrial, propuesta hace seis meses, tiene potencial para convertirse en el instrumento legislativo determinante, según Pinto. Impone demanda de productos y tecnologías solares fabricados en Europa en licitaciones públicas y esquemas de apoyo público. Con eso, ofrece tanto visibilidad de mercado como certeza para la inversión, que son cruciales para atraer el capital financiero y humano necesario para restablecer la capacidad de fabricación industrial.
Cuestión aparte es si la red eléctrica española está preparada para acoger minería industrial. "Falta acceso prioritario para proyectos estratégicos, más inversión en redes y almacenamiento, así como las mejoras de control de tensión recomendadas tras el apagón de abril de 2025", detalla López-Escobar. Para él la propuesta de planificación 2025-2030 va en la buena dirección, pero la demanda eléctrica crecerá por encima del 33% para 2030, y el refino supone un consumo intensivo y continuo. "Tenemos la electricidad renovable más barata de Europa, pero sin enchufe no hay reindustrialización".







